cinco y hemos pedido un conjunto de tapas, pulpo (por supuesto), empanada, setas con chistorra, croquetas de jamón, tabla de quesos y pimientos de Padrón (Que unos pican y otros no, pero aquí los que no pican, pican un poco; y los que pican, pican mucho). Hablando de los pimientos, hemos jugado al mítico y antiquísimo pimiento ruso, en que cada uno de la mesa escoge el pimiento que se ha de comer el siguiente. Ha habido momentos de mucho sudor y picante, sobre todo para un chico de Bilbao. Al final, el dueño del local nos ha obsequiado con un orujo de hierbas, que se habría tomado mi mismísimo hermano, a quien le gusta mucho ese digestivo. Pasada la medianoche, taxi de vuelta al hotel donde, al llegar, he acabado la velada con un yogur natural y el encierro diario de San Fermín.
jueves, 12 de julio de 2012
Un gallego en México
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